LA FILIGRANA EN COLOMBIA

Algo sobre la filigrana en Colombia y algunos diseños

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domingo, 15 de diciembre de 2013

Juego de dije y aretes




                                                           Fahinory Valencia Dic. 2013
En esta navidad regala un lindo juego en filigrana Momposina,  apoya la artesanía Colombiana!


                                                     Fahinory Valencia, Bogotá Dic.2013

sábado, 13 de junio de 2009

La filigrana es una técnica orfebre que consiste en hacer finísimos hilos con un metal precioso (oro y plata) generalmente y con ellos hacer trabajos delicados en joyería y orfebrería.
La joya de filigrana es la joya ligera por excelencia. La filigrana propiamente dicha es una joya cuya ornamentación que en otro tipo se haría liso de oro grabado o sin grabar se ejecuta por medio de dos hilos de oro o plata muy finos torcidos a un tiempo mediante tenazas imitando una cuerda sumamente tenue. A primera vista, esa cuerda parece un hilo grabado.
Se dice que su verdadero origen es China, y se desarrolla individualmente en varias partes del mundo.
A América llega la filigrana de desarrollo y tecnología Árabe, fueron los árabes los primeros esclavistas y comerciantes de personas algunas de las cuales llevaban consigo el conocimiento de las diferentes artes y formas de expresión.
La filigrana fue conocida por varios pueblos de la América precolombina. Entre ellos hay que citar a los mixtecos, que fueron orfebres cuyo trabajo alcanzó una gran difusión en el área de Mesoamérica. Numerosos objetos trabajados con filigrana de oro se han encontrado en varios sitios de la Región Mixteca, como Coixtlahuaca y Yanhuitlán, a pesar de la destrucción de las joyas precolombinas que en muchas ocasiones fueron fundidas para formar lingotes de oro que se enviaron a Europa. Una de las piezas más conocidas de la joyería de filigrana mixteca es el pectoral del Dios de la Muerte, encontrado en la Tumba 7 de Monte Albán (Oaxaca)..
http://es.wikipedia.org/wiki/Filigrana_(artesan%C3%ADa)

El arabesco

A través de la historia el tema naturalista ha tenido un papel significativo en todas las manifestaciones artísticas, cada estilo y época utilizó la decoración vegetal en sus representaciones, en ocasiones con alguna significación simbólica, y en otras solo por el simple hecho de la belleza que posee, la suavidad de sus contornos y su forma.

Estas creaciones conservaban lo más posible la forma y el color, pero con frecuencia se estilizaban y el dibujo se complementaba con tracerías, cintas y roleos. A este particular dibujo se le denominó arabesco, definición procedente del árabe y que la cultura islámica utilizó convirtiéndolo en un sello muy particular de sus representaciones artísticas.
Un arabesco es un adorno que imita formas de hojas, flores, frutos, cintas, y aparece mucho en ciertas construcciones árabes. No obstante, el arabesco es mucho más antiguo que los árabes. Aparece en monumentos egipcios y asirios; también en algunos etruscos, griegos y romanos. En la Edad Media, se utilizó para toda clase de adornos, y en el Renacimiento fue muy usado y resaltado en Italia.
El artesano persa musulmán recubre objetos cotidianos y religiosos con tipos de decoración muy diferentes. Entre ellos, el motivo más universal es el arabesco, un ornamento de carácter abstracto y rítmico que se encuentra en una gran variedad de medios: las artes del libro, cerámicas, azulejos, estucos, relieves en piedra y madera, metalistería, tejidos, etc. El arabesco fue muy popular en todos los periodos del arte islámico persa, siendo empleado hasta el día de hoy. En este artículo se tratan algunos aspectos de este importante motivo decorativo en el primer arte islámico de Persia, como su origen, formación, desarrollo y, finalmente, su significado y relación con el punto de vista del mundo islámico
http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2125612



La filigrana momposina
La isla de Mompox esta formada por la confluencia de los ríos Magdalena y Cauca. La convergencia de estos dos forman un amplio delta interior que unido a cienagas y pantanos forman la denominada "depresión momposina".
El ser punto de encuentro de tan importantes corrientes, sumado a la fertilidad de su suelo la determinó como uno de los principales asentamientos de la época prehispánica y además cruce de caminos entre los diversos grupos indígenas que poblaban nuestro territorio entre ellos los sinues, malibues, sondaguas,y chimilas.
Una vez establecida la delimitacion del territorio, las huestes hispanicas apreciaron su importancia estrategica dada la facil comunicacion con las ricas minas auriferas de antioquia, por lo que se concreto la fundacion de la Villa de Santa Cruz de Mompox.
Mompox, ubicado en el departamento de Bolivar y una de las ciudades mas prosperas e importantes del Nuevo Reino de Granada tiene 466 años de fundada (a 2006) y una tradición orfebre de mas de 300 años. La orfebrería momposina fue introduciéndose por los españoles debido a la necesidad de fabricar joyas a las distinguidas españolas y familias ricas de ese entonces.
Mediante real cedula 1776 se permitió que los artesanos momposinos aprendieran el oficio de los joyeros españoles, incorporando la técnica de la filigrana, aunque esta se practicaba en la orfebreria prehispánica mediante el dominio de la cera perdida.
La filigrana, tecnica que ha sido transmitida de generacion en generacion de forma empirica, proviene del latin filum (hilo) y granum (grano) que literalmente traduciria "hilo granado".
Todo este historial a convertido a Moompox en el principal nicho de produccion de joyas de oro y plata en el departamento de Bolivar.
Un taller de joyería esta conformado por un maestro y un número variable de oficiales y aprendices dependiendo de la prosperidad del negocio. Estos talleres están situados por lo regular en la misma residencia del maestro, quien en la mayoría de los casos aprendió el arte por herencia.
La maravillosa elaboración del metal del oro y la plata con singular paciencia y destreza.
Para describir el proceso productivo tenemos que empezar por establecer el diseño, siendo este una actividad creativa encaminada a satisfacer una necesidad explicita, conservando el lenguaje y las formas características de la época.
El dibujo como tal es muy escaso, se podría decir que se hace en las piezas dibujando con el material precioso. Casi que la idea fluye cuando tiene el material en las manos. Una vez identificado el diseño se prepara la materia prima (oro de 18 quilates o plata de ley 0.980 o 1000 ) para llevarlos a fundición, donde se diluyen los metales en un recipiente llamado crisol que una vez fundido se vacía en la lingotera donde queda sólido convertido en una barra o lingote. Se procede a enfriar en agua y luego se forja en un yunque a golpe de martillo, proceso por el cual se determina si esta bien fundido. Al observar su consistencia se pasa al laminador, herramienta mecánica parecida a un molino de mesa, donde se va adelgazando la barra gradualmente hasta convertirla en un hilo o en lamina. Se recose o recuece para que el material recupere su maleabilidad y ductibilidad, se hace con el soplete hasta enrojecer el hilo. Luego se pasa a la hilera para sacar el grosor de los hilos que se van a necesitar. Para sacar la filigrana se lleva el hilo a un calibre minimo para luego entorcharlos entre si uniendo los dos extremos de un hilo para permitir la elaboración de un trenzado manual que se continua con la ayudad de las tablas de madera; luego se recose y se repite el proceso dos o tres veces mas. Después de entorchado se escarcha utilizando el laminador para luego pasar al relleno de los espacios vacios de las armaduras o esqueletos con formas largas, redondas, planas o alto relieve. Se emplean diferentes tipos de rellenos como son caracoles, filigrana de paticas, en zigzag, culebrilla, trenza, entre otros. Esto depende de la estructura de la pieza.
Y así, mediante este proceso se logra el terminado de una joya invaluable por su representación cultural, legendaria y de tradición orfebre. http://cooperativadeartesanos.googlepages.com/filigranahistoria

Barbacoas – Nariño
Para comenzar, hay que trasladarse a la época de la colonia cuando Pedro Cieza de León, uno de sus cronistas escribía cómo en su tiempo, los indígenas que habitaban la cuenca del río Patía en el actual departamento de Nariño, poseían objetos de orfebrería. Que era el tiempo cuando Pascual de Andagoya también contaba que en el Valle de los Cedros, frente a la Isla del Gallo, las mujeres usaban anillos de oro en los brazos y López de Gomara, refiriéndose a la misma región, describía a los aborígenes adornados con sartales, clavos y granos de oro. Y también hay que mirar lo sucedido con la llegada de los españoles. Pues no sobra repetir que desde el siglo XVI sus intereses y acciones influyeron en la formación y el crecimiento de centros de población alrededor de la explotación del oro y de grupos de esclavos negros cuya fuerza de trabajo fue unida a la de los indígenas sometidos.
Así pues, la presencia de los indios en los sitios mineros da cuenta de la necesidad de utilizar el conocimiento aborigen en la minería. Sin embargo, no puede descartarse el hecho de que para algunos de los trabajadores negros, proviniendo de sitios en Africa occidental, quizás las técnicas artesanales de explotación aurífera les fueran familiares. Y, asimismo, las de orfebrería, que llegaron a desarrollarse en los lugares donde existió la minería colonial. No sólo porque algunos de sus elementos hubieran sido transmitidos de los indios a los negros, sino porque estos últimos pudieran haber conocido en su continente aquella orfebrería cuyos artífices en los viejos imperios africanos de Ghana, Melli y Darfur, conformaban castas de trabajadores. Una muestra de semejantes obras de arte aún podemos verla en la máscara de oro Ashanti, parte del tesoro del rey Kofi Karikari del siglo XIX. La máscara pesa 1,5 kilo gramos y actualmente hace parte de la colección Wallace de Londres. En las fiestas, el señor de Ashanti lucía un traje adornado con incrustaciones de oro yen el pecho se colgaba un pectoral hecho de una gran placa del mismo metal. Asimismo, según el historiador Joseph Kizerbo, el trono de Ashanti, cuyo reino se había originado a finales del siglo XVII, estaba adornado con estrellas y rosetones de oro y el espaldar cubierto con láminas de oro.
Aquí es importante hacer énfasis en la tradición de la filigrana en joyería. Porque se trata de la filigrana que llegó de España con los moros y que luego viajó a América durante la época colonial, seguramente por dos vías: Una, la de la cultura ibérica influida por la de los árabes, moros que habían ocupado la península durante ocho siglos, hasta 1492, y otra, la de africanos muchos de los cuales llegaron a América del occidente africano, y quienes también habían recibido la influencia cultural de los árabes. Desde el año 732, atraídos por las riquezas inagotables del oro al sur del Sahara, una primera columna conquistadora árabe había seguido las rutas de las caravanas comerciales que desde el norte cruzaban el desierto. Y había llegado a las cabeceras de los ríos Níger y Senegal, en Estado de Oagadú, establecido por el clan Cisse de los Soninkes en el siglo III, es decir 300 años antes.
De todos modos, en relación con la participación de elementos aborígenes en la orfebrería actual del litoral Pacífico, practicada mayormente por gentes de la etnia negra, puede mostrarse la existencia de un complejo artesanal orfebre en las mismas zonas auríferas de las tierras bajas del Pacífico y en los sistemas fluviales de los ríos Cauca y Magdalena, que produjeron el metal en tiempos precolombinos y de la colonia española. Complejo que acusa elementos comunes técnicos y estéticos. Uno de ellos es el coloreo del oro de estirpe precolombina. Se conoce como desbordaje en Barbacoas y Guapi, sales de Santa Fe de Antioquia, color de borraja en Ouibdó, color seco en Mompox, color de cazuela en Remedios, Zaragoza y Segovia. El dicho coloreo permite a las piezas lucir el color del oro natural, aun cuando la aleación lleve al contenido del oro a tener menos de un 75%. La técnica permitió a los orfebres precolombinos hacer aparecer como de oro, puro sus obras con aleaciones de cobre y oro, que se han denominado tumbaga y que en tiempos coloniales se conocieron como guanín.
http://www.lablaa.org/blaavirtual/antropologia/criele/criele17.htm

En Santa Fe de Antioquia
http://www.joyeriacolonial.com/index.php?option=com_content&task=view&id=28&Itemid=29
LA FILIGRANA
Filigrana. Arte orfebre de santa fe de Antioquia
La riqueza aurífera de la zona, atrajo a los españoles al interior del territorio antioqueño.
Desde entonces, la historia de la orfebrería ha estado ligada a la historia de la iglesia especialmente a partir del siglo XVII, periodo en el cual se conocieron los primeros trabajos orfebres, con la llegada de maestros artesanos europeos.
Los indios de Antioquia conocían el arte de fundir y moldear toda clase de objetos con oro; también el arte de la soldadura con las ligas del mismo metal, y dominaban una técnica de pulir sus obras con gran perfección.
En santa fe de Antioquia se ha conservado la tradición del trabajo de la orfebrería.
Miembros de una misma familia o amigos, aprende del maestro, a elaborar con toda la paciencia ese precioso proceso de convertir tan bello metal en una joya, utilizando la técnica de la filigrana.

La filigrana es el arte por excelencia del orfebre antioqueño.
Los primeros artesanos ejecutaban su trabajo con herramientas muy rudimentarias elaboradas por ellos mismo, en el tamaño y forma requeridos. La materia prima básica provenía fundamentalmente del trabajo de pequeños grupos desde la colonia. La unidad empleada por los mineros y orfebres para pesar el oro se conserva desde entonces y son el castellano, el real y el gramo.
Mientras muchos oficios artesanales se han ido sin dejar huella, la filigrana se ha conservado ocupando un lugar muy importante en la vida de santa fe de Antioquia: ha pasado su examen de supervivencia una y otra vez con honores.
La demanda continúa a través de los años; le da merito suficiente para acceder al titulo de patrimonio cultural de la ciudad, y de todos los colombianos.

Descripción de la filigrana
A la belleza de los materiales, a su brillo comparable con el sol y la luna según se trate el oro y la plata, se unen las formas y texturas que en reducidos espacios les pone el orfebre, logrando deslumbrantes efectos finales que deleitan la vista y alientan el espíritu.
El joyero en el desempeño de sus tareas, se encierra en un micromundo en el que proyecta sus energías físicas y mentales, templa sus nervios, controla su pulso y con pequeñas herramientas introduce formas y decoraciones en espacios casi milimétricos, donde la belleza es un privilegio que se intensifica cuando a la hermosura propia de los metales preciosos se añade aquella, que el espíritu del artesano a través de sus manos, imprime en el producto final.

Un recurso que logra estos equilibrados efectos es la filigrana.
Aflora figuras reales y abstractas que se centran en las funciones de la joya y se rebasan sus ámbitos para posesionarse jugando con hilos entrecruzados que logran diferentes formas y añaden a las joyas un sentido que trasciende generaciones.

En Guapi
Guapi, capital de la antigua provincia del Micay, como puerto de selva está muy lejos de provocar emociones que maravillen. El último incendio en 1967, después de otros tres enormes que ocurrieron en un lapso de doce años terminó de acabar con la bella fisonomía arquitectónica que mostraba con tanta alegría la iglesia, las casas de madera y sus balcones calados en filigrana exquisita. Restos de los cuales son el fabuloso e intrincado tejido del balcón de Domingo Micolta y los de Esteban González, Teresa de Romero, Joaquín Grueso y Calixta de Romero. Algunos todavía mirando la infinita selva al otro lado del Guapi. Todos aún, testimonio de lo que fueran enormes casonas que albergaron el poder económico de la explotación del oro y el comercio, en la primera parte de este siglo. En 1938, por ejemplo, Helcías Martán y sus hijos tenían una fábrica de cigarros llamada La Guapireña. Y existía la importación de sombreros italianos marca Consonnis y telas de fantasía para trajes de mujeres. También la exportación de tagua pelada, caucho negro, cáscara de mangle y maderas aserradas.
Para la mitad del siglo XVIII los españoles ya habían arrastrado cuadrillas de trabajadores africanos hasta las minas de los ríos principales de la región. Luego vendrían los amos criollos en la república de finales del siglo XIX y comienzos del XX a los cuales seguiría en 1907 la compañía francesa- británica The New Timbiqui Gold Mines Ltda., registrada en Londres. Con oficina en la rue Taibon N 10 en París y empleados, maquinaria, capital francés, monopolio de las tierras y de la mano de obra de los mineros negros, volvió a hacer sentir esclavos a los habitantes de una amplia región en el litoral Pacífico: los que vivían en la cuenca del río Timbiquí, los de los ríos Saija, Napí, Guajuí y los de otros menores. En 1917 a tiempo que los franceses sacaban suficiente oro de los socavones con trabajadores de los ríos que alcanzaron a 400 entre hombres y mujeres, era ensanchada la vetusta iglesia de cal y canto que existía en Santa Rosa desde años atrás. De la dirección de la obra se encargaron los padres agustinos recoletos. Los actuales habitantes del pueblo cuentan que lo que se reconstruyó había sido una abadía o convento a donde sin saber por qué sus monjas nunca habían llegado.
En 1937 cuando la compañía francesa se fue de la región, los viejos mineros volvieron a trabajar independientemente en sus mamuncias, o sea en sus grupos familiares, pero la emigración de numerosos jóvenes hacia sitios como Guapi, Tumaco o Buenaventura ya se había iniciado. Abandonaron los ríos en pos de ilusiones de trabajo, educación o experiencias nuevas.
¡El tiempo de la compañía fue terrible! Si alguno mazamorreaba y playaba algo de oro y lo cogían, le amarraban las manos atrás, le decían que estaba robando, lo metían en el cepo, se lo llevaban preso a Popayán y nunca más podía volver por aquí...
La compañía operaba con capital inglés y francés. Pero en 1910 todos sus funcionarios eran franceses. Henri Blanc trabajaba con un director adjunto que era Luis Seibel, un jefe de minas Emilio Borelli, dos mineros Eduardo Gougin y Emile Gourbeis, un mecánico Henri Poctat, el químico Roger Maustier graduado en l'Ecole de Lille, y Theodore Nanin, un ingeniero con estudios en Francia pero oriundo de Martinica. Este último era el único que había traído a su familia consigo. Los demás las habían dejado en Francia.
Cuando maquinaria y oficiales empezaron a llegar a la región, el desasosiego cundió entre todos los habitantes asentados allí desde mucho antes de 1851, cuando se acabó la esclavitud legal. Vivían de sus cultivos, e iban de un caserío a otro en canoas que labraban ahuecando grandes árboles. Trabajaban en sus minas con el sistema de la mamuncia consistente en la ayuda mutua que se prestaban grupos de parentelas.
Bien pronto empezaron a volverse realidad los temores de la gente. Los funcionarios franceses comenzaron por regla mentar la vida y el trabajo de quienes según ellos vivían dentro de los límites de su "propiedad". Mediante un censo establecieron el número de varones de cada familia que obligatoriamente tenían que laborar dos semanas de cada mes en los frentes mineros. Desde entonces nadie pudo ir a trabajar en mamuncia, ni tampoco a mazamorrear o batear solo ni acompañado. A todos se les catalogó como arrendatarios de la compañía y se les concedía permiso especial para vivir en lo que habían sido sus casas y sus terrenos.
Unilateralmente la compañía fijó los salarios y la forma como aquellos que vivían lejos de los frentes tenían que compensar las dos semanas de trabajo que no podían realizar: talarían los árboles que más pudieran y llevarían las trozas a Santa María para construir las casas grandes para los empleados de la compañía. Ah, y si El Blanco veía a alguien que no trabajaba por cualquier razón, lo desterraba del pueblo.
Estas arbitrariedades eran apoyadas por los gobernantes colombianos. En efecto, el Ministro de Guerra junto con el gobernador del departamento de Popayán comisionaron al prefecto de la Provincia de Buenaventura para proteger los bienes de la compañía. El funcionario podía meter gente a la Cárcel de Timbiquí o suspenderle el permiso para vivir en los terrenos que habían pasado a manos de la compañía: definía como vagos a quienes no se presentaran a trabajar en los frentes de la Timbiquí Gold Mines, y en consecuencia los castigaba. Un conjunto de decretos le daban legitimidad a las acciones del personero, respondiendo así a los reclamos que la Compañía le formulaba al gobierno colombiano ante la resistencia negra. Esta cesó tan sólo cuando los franceses se marcharon en 1937. Exactamente el año del fallecimiento de Justiniano Ocoró Bonilla, a quien los habitantes de Santa María le erigieron un monumento de cemento y bronce en 1987. El, junto con otros había participado en lo que se ha llamado la lucha por la liberación de la comarca!
Como consecuencia de esa lucha, muchos hombres tuvieron que irse de la región Tan sólo a escondidas y en los bordes de los territorios que controlaba la compañía podían ver a sus padres, esposas e hijos. Las mujeres que se quedaron, como los hombres, tenían que ir todos los domingos a la oficina de la compañía a reclamar una ficha de trabajo con un número asignado. Petronila recordó rápidamente que su número era el 484, y que igual que el resto de las mujeres se lo amarraba al chumbe con el cual se sostenía la paruma o bayeta a la cintura. Un pañuelo alrededor del cuello y sobre parte del pecho, y el sombrero complementaban el vestido de trabajo.
La jornada comenzaba a las seis de la mañana. Los hombres picaban la peña, las mujeres alzaban la tierra y la metían en los carros que otros jalaban sobre los rieles que llegaban hasta el socavón.
Otra abuela, Daniela Zúñiga viuda de Bonilla, sigue viviendo en el pueblo de Santa María, como en los días de la compañía. Ella también tuvo que trabajar en uno de los frentes mineros. Le pagaban siete riales por jalar 60 carros al día y cada rial eran cinco centavos. El día sábado como lo hacían todos los trabajadores, subía por una escalera, recibía el pago en cachaloas que eran de 2, de 5 y de 10 centavos, y descendía por la otra escalera.
-Con la cachaloa era que uno podía ir a comprar. Pero tenía que ser en los puestos de ellos en la galería -añadió Daniela- ahora parada en la puerta de su tienda de abarrotes, junto a las ruinas de uno de los campamentos de la compañía. Coincidencialmente o no, frente a los escombros ahora estaba la estatua de Justiniano Ocoró Bonilla. Se erguía en la mitad de la plaza de cascote llena de memorias, pero ausente de la sombra de árboles o de vegetación alguna.
-Allá -señaló Daniela- al otro lado de la plaza había una galería con once cuartos donde la compañía vendía lo que uno podía comprar con la cachaloa a la que no le reconocían valor alguno ni en Santa Bárbara, ni en ningún otro pueblo.
La moneda de aluminio era de bordes ondeados como una flor. En una cara el número de centavos que representaba y en el otro las iniciales de la compañía NTGM, encima de su valor, digamos 10. En el borde inferior la palabra adelanto indicaba la posibilidad de cambiarla por moneda corriente colombiana.